Moncef Marzouki hace caso omiso a la legalidad internacional respecto a la cuestión saharaui

Moncef Marzouki, ex presidente de Túnez.

En su entrevista con el diario Alquds Al-Arabi, publicada el 19 de junio, el ex presidente tunecino, Moncef Marzouki, contradice a los principios de democracia y multilateralismo sobre los que se deben basar las relaciones entre los distintos actores, al intentar activar la Unión del Magreb saltando los derechos básicos del pueblo saharaui.

Marzouki, quién perdió las últimas elecciones presidenciales tunecinas frente al actual presidente Gais Sayed, razona que “la Unión del Magreb no puede permanecer desactivada por la cuestión del Sahara Occidental”, que para él, su independencia supondría un revés para la unidad de los países árabes.

Moncef Marzouki, presentado habitualmente como defensor de la democracia y los derecho humanos, citó el ejemplo de otros bloques regionales como la Unión Europea (UE) y la Unión Africana (UA), al querer justificar su idea de que estamos en momentos de ‘unión’.

Para refutar las líneas generales de razonamiento del ex presidente de Túnez, es pertinente recordar que la unidad árabe no se hace desde la imposición. Se efectúa mediante la voluntad democrática expresada vía referéndums, en los que los pueblos eligen las opciones que estiman oportunas.

Lo cual se refleja en la conducta del padre de la unidad árabe, Jamal Abdelnaser, quién permitió al pueblo de Sudán decidir su relación con Egipto mediante un referéndum en 1955, por lo que el pueblo sudanés optó por la independencia. Lo mismo se hizo con la unidad entre Siria y Egipto, la República Árabe Unida, cuya luz verde la dieron los pueblos de ambos países al votar a favor de la unidad.

Por otra parte, citar el ejemplo de la UE y UA no se ajusta a la realidad de la Unión del Magreb. La UA pudo conseguir su unidad por basar su Acta Constituyente sobre el respeto de las fronteras establecidas durante el acceso a la independencia de sus Estados. La UE esta unida por vencer el monstruo del nazismo y la conquista de territorios por la fuerza. A eso se suma que su unión fue votada por los pueblo de cada país miembro, es decir por la vía democrática.

En el caso del Magreb, Marruecos no reconoce a ambos criterios. Ni respeta las fronteras, ni permite la realización de referéndum. Pretende imponer su visión, no solo sobre el Sahara Occidental, sino también sobre Argelia y Mauritania, al reivindicar parte de sus territorios. De ahí que la Unión del Magreb Árabe no prospera.

El tercer elemento a subrayar para refutar a Marzouki es el hecho de caer en la contradicción de defender el multilateralismo y aniquilar sus resoluciones. Al no reconocer a los derechos del pueblo saharaui, Moncef Marzouki, desoye las resoluciones de los principales organismo multilaterales como Naciones Unidas, la UA, el Tribunal de La Haya, el Tribunal Europeo de Justicia y una larga lista de instituciones creadoras del derecho internacional.

Por último, un ‘defensor’ de valores democráticos, como Marzouki, no debe olvidar que más de la mitad de los países del Magreb reconocen a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Por tanto, la opinión de Marzouki no vale más que la de tres países: Argelia, Mauritania y Libia.

En fin, construir bloques regionales sólidos pasa necesariamente por la voluntad de sus pueblos y el respeto de las normas que regulan el juego. El pueblo saharaui pide la votación, el respeto de las fronteras, multilateralismo y la idea del Magreb de los pueblos, como elementos democráticos. Marzouki defiende lo contrario.