Análisis

Marruecos: ¿cuándo estalla la crisis socioeconómica?

Manifestaciones en Marruecos, febrero de 2011, para exigir la caída del régimen.

La pandemia mundial del Covid-19, obligó a los países de todo el mundo a adoptar medidas inusuales para frenar la cadena de transmisión del virus. No obstante, el grado de dureza del confinamiento y las medidas económicas paliativas se diferencia en función de la estrategia de cada gobierno. Marruecos, en este sentido, fue uno de los primeros países en cerrar sus frontera, el 13 de marzo, así como ordenar un confinamiento total de su población desde la misma fecha. Dichas medidas tuvieron un importante eco sobre el tejido social, económico, político e institucional. 

Para ver que repercusiones tienen las citadas decisiones, el presente texto procura resaltar los principales rasgos de la realidad socioeconómica imperante en Marruecos en la actualidad.

Debacle socioeconómica 

El cierre del espacio aéreo y la restricción de movilidad interna no tardó en arrojar sus efectos sobre el sector en el que pivota la economía marroquí: el turismo. El Gobierno de Marruecos planificó sus presupuestos anuales sobre el objetivo de alcanzar los 20 millones de turistas extranjeros, una cifra que se ha visto multiplicada por cero, y sin buenas expectativas de cara al corto plazo. Su primera víctima es el Royal Air Maroc, que anunció su eminente quiebra y la intención de despedir sus empleados por la imposibilidad de pagar sus sueldos.

Aún más, cera de un millón de empleados marroquíes ya perdieron sus puestos de trabajo. A ellos se suma otra cantidad de beneficiarios de la economía sumergida, cuya cifra supera los 3 millones, cerca del 20% del PIB de Marruecos. Dichas franjas, víctimas directas del  frenazo de la economía, no contarán con prestaciones sociales o medidas que compensan la pérdida de su poder adquisitivo como se hizo en otros países como España.

Una realidad que se acentúa por las descomunales desigualdades de la sociedad marroquí, que brilla por la ausencia de una clase media con estándares de vida decentes. Esta situación es la que desató el ciclo de protestas desde el año pasado contra las empresas de los grandes oligarcas, amigos del rey Mohamed VI, como el propio ministro de agricultura, Aziz Ajnouch, cuyo ministerio está estrangulado por la sequía que vive el país.

Carencia de apoyo externo 

La diferencia entre la actual crisis socioeconómica de Marruecos y las crisis anteriores, es precisamente la falta de apoyo externo. Los tradicionales aliados que se encargaban de insuflar generosas cantidades en las arcas públicas marroquíes no están dispuestos a hacer lo mismo.

En primer lugar, por el cambio del mapa de alianzas que experimentó el panorama político árabe recientemente. Es el caso, principalmente, de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, quién era el mayor inversor árabe en Marruecos, accionista principal de empresas públicas de sectores estratégicos como la energía, el transporte y la salud. La segunda categoría de aliados la lidera Francia. En la actualidad está fuertemente azotada por el Coronavirus y envuelta en procesos de cambios estructurales internos iniciados como respuesta a las protestas de los Chalecos Amarillos.

A diferencia de España e Italia, países basados en el turismo, cuyos gobiernos consiguieron inyectar estímulos económicos para rescatar sus sectores principales, Marruecos, aplicó medidas de confinamiento aun más duras, sin promover medidas enfocadas hacía el mantenimiento del tejido productivo.

A nuestro modo de ver, el Gobierno de Marruecos fracasó en conseguir la hibernación de su economía sin destruirla. Su reactivación sería casi imposible, por lo que habrá que edificar nuevas bases. Es decir, la destrucción del sector productiva supondría la necesidad de recurrir a fuentes de financiación externa, como el endeudamiento que suele ser acompañado por drásticas medidas de ajustes en el gasto social y el endurecimiento del acceso al crédito. Un elemento que coloca a la pequeña y mediana empresa en una situación de desventaja respecto a las grandes empresas, generalmente pertenecientes al rey o a su círculo de poder. 

Cambios políticos 

Por lo dicho previamente, los seguidores de la realidad interna marroquí auguran cambios políticos de calado en la próxima reunión del Consejo de Ministros esperada para los próximos días en el Palacio Real de Casablanca. Según la misma información, el monarca marroquí procederá a la sustitución de considerable número de altos cargos en el ejecutivo marroquí, como ministros, secretarios de Estado, gobernadores, walis, etcétera. 

La medida sería la respuesta del rey Mohamed VI por el tenso ambiente socioeconómico que se respira en Marruecos por la gestión de la crisis, que ha dejado a millones de ciudadanos sin ingresos y más de 28 mil atrapados en distintas partes del mundo, cuyo Estado fue el único en el mundo que impidió su retorno.

En este marco, las medidas del monarca no serán diferentes de los anteriores ‘intentos de arreglo’. Mohamed VI, en situaciones similares, suele incorporar casi la totalidad del discurso opositor marroquí. Se desmarca de su gobierno y reacciona adoptando medidas cosméticas como los cambios de los titulares de las principales carteras. Lo cual, pese de que los ministros carecen de capacidad de maniobra, ya que el propio reglamento de funcionamiento la otorga al rey.

En fin, los próximos días afirmarán los augurios de los especialistas conocedores de Marruecos. Habrá cambios a nivel del ejecutivo; habrá contestación popular que reivindica reformas, no solo económicas, sino estructurales y de índole política. ¿Se resolverán los problemas de los marroquíes de a pie con el Business as usual por parte de Mohamed VI?

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