Análisis

LA UNIDAD, GARANTIA DEL TRIUNFO Y DE LA PERENNIDAD

Inspirado por el interesante artículo de mi compatriota y amigo Alíen Habib Kentaui (El 12 de octubre, fidelidad a la nación saharaui), he considerado oportuno aportar mi granito de arena para recordar aquel día histórico, del 12 de octubre de 1975, tan lejano como cercano y presente en la memoria colectiva de todos los saharauis, en los cuatro rincones del mundo.

He tenido el gran privilegio y el insigne honor de participar, El 12 de octubre de 1975, en aquella convención presidida por el Mártir Luali Mustafa Sayed (rahimahu Allah) en Ain Bintili. El lema no podía ser más certero, “unidad nacional del pueblo saharaui bajo la dirección del Frente Polisario”. Ni los españoles ni los invasores, cuyo complot (acuerdo tripartito de Madrid) se encontraba en una fase muy avanzada, se imaginaban algo parecido y mucho menos el enorme éxito logrado. Probablemente, hoy en día, algunos dirán que ha pasado mucho tiempo, 45 años/casi medio siglo, sin que los saharauis hayan logrado todavía su independencia total. Yo les diría que valía la pena porque dicha unidad, forjada en circunstancias adversas, es el secreto de nuestra resistencia, de nuestros éxitos y en cierto modo de nuestra propia existencia.

En mi humilde opinión, creo que el homenaje de este año debemos dedicarlo a los verdaderos protagonistas de aquel día (miembros de la asamblea, chiujs, notables y demás personalidades nacionales saharauis) que respondieron presente para colocar los cimientos de un edificio que sigue orgullosamente erguido a pesar de las múltiples sacudidas y maniobras urdidas para socavarlo. Me acuerdo perfectamente de los rostros de aquellos venerables señores, la mayoría entre 50 y 80 años, con sus Darraas blancas, azules y turbantes negros, que desfilaban dignamente, uno tras otro, por la improvisada tribuna para dejar constancia de un mensaje de unidad, ánimo, esperanza y sobre todo de confianza. Dieron al evento la serenidad y seriedad que se requería ya que la mayor parte de los dirigentes y cuadros del Frente Polisario, presentes en aquel entonces, eran casi todos veinteañeros y un poquito más. El 90% de aquellos adorables rostros, que infundían respeto, ya no está en nuestro mundo terrenal. Algunos cayeron mártires en combate, luchando contra el ocupante marroquí, otros fallecieron por vejez o por enfermedad, pero todos han permanecido fieles al compromiso adquirido. Cada uno de ellos ha contribuido y participado, a su manera, en el proceso de la lucha de liberación nacional, bajo la dirección del Frente Polisario. Deseo larga vida a aquellos que viven todavía y gloria eterna a los que ya no están en nuestro mundo terrenal.

Nadie duda que, sin el gran impulso de la Unidad Nacional, del 12 de octubre de 1975, el Frente Polisario no hubiese llegado a donde está ahora. Notables, ancianos, mujeres y jóvenes de todos los estratos sociales, mano en la mano, abrazaron la idea que, meses más tarde, sirvió de base para proclamar la Republica Árabe Saharaui Democrática y dar pie a sus instituciones.

En las sucesivas etapas, los chiujs, notables y demás personalidades nacionales nunca fallaron. Han estado presentes para firmar la Declaración de Guelta que disolvió la Asamblea Saharaui; desbaratando así el complot de los Acuerdos Tripartitos de Madrid,

han creado el Consejo Nacional Provisional Saharaui, precursor del actual parlamento, y en el proceso de identificación de los votantes, bajo los auspicios de la ONU, han dado lo mejor de sí.

Me gustaría, igualmente, aprovechar la oportunidad para compartir una anécdota, de la que he sido testigo, al margen de la convención de Ain Bentili. Cubría el evento un equipo de la Televisión Española TVE. En el segundo día, 13 de octubre, me han llamado para servir de interprete, de fortuna, a uno de los notables presentes, que en paz descanse. Lo hice como pude porque en aquella época no tenía ninguna experiencia en la materia. En honor a la verdad, creo que, aunque me hice entender, el resultado no era muy brillante. Al final de la entrevista, el periodista jefe del equipo pidió entrevistar también al responsable del Frente Polisario encargado de la seguridad del conclave. Después de algunas consultas por aquí y por allá, se presento Mohamed Saadbuh conocido por Mohamed Lamtin, que en paz descanse, ya que cayo mártir en los primeros años de la invasión marroquí. EL periodista me pidió que le preguntara ¿de que medios disponían para proteger el conclave de un posible ataque enemigo? La respuesta del mártir Mohamed Lamtin no se hizo esperar: “Es posible que tengamos fusiles ligeros, granadas, misiles…así como es posible que no tengamos nada de todo eso”. Independientemente de su falta de claridad, y de la sorpresa del entrevistador y del intérprete de fortuna a la vez, no deja de ser una respuesta realista en aquellas circunstancias. Su lado interesante, reside en el hecho de que refleja el estado de ánimo, del momento, de todos los saharauis, sin excepción; estado de ánimo plasmado en su voluntad inquebrantable de mover cielo y tierra para defender su país ante la invasión extranjera.

En cierta medida, para mí, el mártir Mohamed Lamtin ha sido sincero. Recuerdo perfectamente que, a simple vista, no había más que media docena de combatientes, armados de fusiles a repetición M36, que izaban y arrían la bandera. No obstante, detrás de esa punta visible acababa de formarse un gigantesco iceberg que llevaría, para la eternidad, el nombre de Unidad Nacional Saharaui. Con esto, quiero decir que aquel evento, del 12 de octubre de 1975, dio al pueblo saharaui toda la herramienta necesaria para garantizar el triunfo de su lucha de liberación nacional, bajo la dirección de su único y legítimo representante, el Frente Polisario.

La Unidad Nacional es como la casa de uno, que lo alberga, lo protege del calor y del frio. De vez en cuando hay que revisar y, si es necesario, reforzar sus cimientos, reformarla y decorarla para mejorar su habitabilidad ante las inclemencias del tiempo. Para su mantenimiento, hay que ser creativo sin perder de vista que fuera de ella no hay ni futuro ni gloria.

Para terminar, quisiera rendir un vibrante y merecido homenaje a todos aquellos y todas aquellas que, con su labor e ímpetu, han hecho de ese día una referencia que glorifica el pasado e inspira el futuro.

Mahayub Sidina
12 de octubre de 2020.

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