Opinion

LA DROGA (MARROQUÍ) EN TIEMPOS DEL CORONA – VIRUS

Semi – plagiando, con buenas intenciones, el inspirador y noble título de la novela “amor en tiempos del cólera”, del difunto Gabriel García Márquez, a uno se le ocurre, en esta época de confinamiento, algo similar para describir un fenómeno circunstancialmente parecido, pero menos inspirador y mucho menos noble. El resultado de nuestra elucubración, sería un título como este: “La droga marroquí en tiempos del corona – virus”.

Desde el inicio de la pandemia, hemos asistido a un flujo de drogas, sin precedentes, a través del muro marroquí que divide el Sahara Occidental. En los últimos meses, las unidades del Ejercito de Liberación Saharaui, encargadas de combatir el crimen organizado, han capturado y decomisado cantidades impresionantes de estupefacientes (Hachich) procedentes de Marruecos, por vía terrestre, a bordo de vehículos todoterreno.

La ruta ya existía de forma puntual, pero esta vez fue reactivada, de tal manera, que da la impresión que se quiere recuperar el tiempo perdido o sustituir otras rutas, mucho mas rentables, que quedaron momentáneamente inutilizadas a causa de la pandemia del COVID-19.

No es ningún secreto, para nadie, que la producción del cannabis en Marruecos es una política de estado, minuciosamente planificada y dotada de todos los instrumentos (Ilegales claro está), para mantener su florecimiento y expansión. Los aliados europeos del reino, llevan lustros mirando hacia el otro lado, en nombre de un engañoso contubernio contra el terrorismo y la emigración ilegal que, al fin y al cabo, no hizo más que incrementar las dos lacras, sin que nadie se atreva a dar una explicación convincente. Al parecer, a nadie le importan los daños colaterales para la salud pública, ni la inestabilidad de países enteros en la región del Sahel. Ha primado la regla de hacer la vista gorda para que el aliado, mimado, haga caja y luego se verá. Es una gran irresponsabilidad moral, política y económica para no decir un crimen lesa humanidad. No obstante, como dice el refrán “no hay mal que por bien no venga”. “Gracias” al indeseable covid-19, la hora de la verdad ha sonado para llamar las cosas con su nombre. Con la reactivación, a fondo, de la nueva ruta, queda mas que demostrado que Marruecos busca amortiguar las perdidas causadas por la paralización de la flota de la Royal Air Maroc que lleva meses en tierra. Esta última, fue repentinamente privada de sus dos principales fuentes de ingresos, el transporte del Hachich y el de los emigrantes clandestinos desde los países de África del Oeste; cuyos ciudadanos pueden acceder al territorio marroquí, como turistas, sin necesidad de visado de entrada. Allí esperarían, el tiempo que haga falta, para dar el salto a la otra orilla.

La puesta en venta, en los últimos meses, de buena parte de la flota aérea marroquí corrobora esta hipótesis y deja al desnudo la imagen de una economía estructurada y solida con la que Marruecos se fardaba ante países pobres al borde de la quiebra. En la práctica, se están confirmando los informes de las agencias de la ONU y de otros organismos especializados, en la materia, que vienen recalcando desde hace años que el 24% del PIB de Marruecos proviene de la industria del cannabis. Su cultivo, intensivo, alcanza 40.000 toneladas anuales; sobrepasando así, ampliamente, la producción de Pakistán y Afganistán juntos.

El COVID-19 ha dejado en evidencia a todo un entramado de una economía estatal sumergida, ilegal y asociada con el oscuro mundo del crimen organizado. Dicho entramado, abarca servicios estatales de seguridad, personalidades políticas de fachada, compañías de trasporte aéreo, terrestre y marítimo, bancos para el lavado del dinero…etc. Y todo ello coordinado, majestuosamente, al más alto nivel para evitar fugas de información comprometedora. El lugar, de producción y acondicionamiento del producto, es conocido para propios y extraños, el Rif, la región más septentrional del país. Para tener una idea del férreo control, que ejerce dicho entramado, basta con preguntarse ¿Cómo es posible atravesar a todo Marruecos y parte del Sahara Occidental ocupado, por carretera, sin ser molestado o interceptado por las fuerzas de seguridad omnipresentes o por el ejecito marroquí que cuenta con más de 100.000 soldados a lo largo del muro que divide el Sahara Occidental? Un tráfico de tal magnitud no puede, de ninguna manera, pasar desapercibido para un estado policiaco como Marruecos. La pura realidad, que algunos aliados quieren ocultar, es que Marruecos lleva muchos años convertido en un narcoestado y tarde o temprano sucumbirá a los nefastos efectos de un negocio tan turbio como nocivo. A través de esta modesta tribuna, recomendamos a sus protectores convencerlo a desistir de cultivar la droga y el odio y optar por la concordia y los valores resaltados en la citada novela de Gabriel García Márquez. Esperemos que la pandemia del COVID-19 le haga reflexionar en pro de un futuro mejor para su pueblo, para toda la región y para la humanidad.

M. Sidina 21-08-2020

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