Sahara Occidental: un pueblo y una organización política

Reunión del El Uali Mustafá con el ex presidente argelino Houari Boumediane en Argel, 1975.

Las celebraciones del 44 Aniversario del Día de Mártires coincide con la fecha de martirio del líder de la Revolución 20 de Mayo, El Uali Mustafá, quién se destacó por sus capacidades excepcionales como la inteligencia innata, el coraje, la formación política, la profunda comprensión de la revolución saharaui, así como las dimensiones de las maniobras políticas que se trazaban en contra de su pueblo.

En esta ocasión que conmemora una fecha especial por su envergadura en la lucha del pueblo saharaui, El Portal Diplomático, aprovecha la ocasión para subrayar el legado de los mártires de la causa nacional, por la libertad e independencia del pueblo saharaui.

El Uali Mustafá lideró la revolución saharaui con apenas 24 años de edad, gracias a su patriotismo y pensamiento progresista. Creyó en el arabismo, el islam y la pertenencia al espacio africano; El Magreb de los pueblos, así como los valores de justicia, democracia y humanismo.

El Uali, según los que le conocieron, gozó de características excepcionales. Tenía una extraordinaria capacidad de convencimiento; como se tejen las alianzas; y la profunda convicción de que los saharauis tienen la capacidad de crear lo imposible, tal y como se constata de sus discursos que ponían énfasis en lo cualitativo para compensar el déficit cuantitativo.

Unas capacidades que fueron recogidas por líderes mundiales que compartieron momentos con él, como el fundador del Estado mauritano contemporáneo, Mojtar Ould Dadah, quién dijo después de la reunión que mantuvieron en Nouakchott en 1976, que salió “con buenas impresiones de El Uali: goza de sana conducta, fuerte personalidad y una formación política intachable”.

El Uali Mustafá con el general vietnamita Jiab.

El líder de la revolución saharaui compaginó la teoría con la práctica. Llevó sus ideas al terreno, lo que le costó el martirio en el campo de batalla el 9 de junio de 1976, con apenas 28 años, plasmando su frase célebre: “si el destino quiere inmortalizar el hombre, lo convierte en un servidor del pueblo”.

La revolución saharaui para El Uali no se inició del vació, sino que por la existencia de un pueblo. Un pueblo con su entidad, civilización, principios, ideas y organización, a pesar de los planes del colonialismo y la reacción.

Con su obra y pensamiento, El Uali, plasmó su dicho: “solo hay un pueblo y una organización política”, partiendo de que el pueblo es el soberano y el garante de las victorias y no los individuos, así como que el Frente Polisario es el marco político que aglutina a todos los saharauis, superando las intrigas tribales, regionales y religiosas; o la creación de organizaciones paralelas para acabar con la unidad del pueblo saharaui entorno a su movimiento político.

A pesar de la reducida duración de su presencia como líder, apenas 4 años, El Uali Mustafá dejó un legado que ha sido una fuente de consenso nacional tanto a nivel de la dirección como las masas populares. Antes de su martirio, asentó las bases, los programas y las líneas generales, así como la organización estructural del Estado y del movimiento.

El pueblo saharaui y los compañeros que le sucedieron han sido fieles al camino trazado por él. Con el Mártir Mohamed Abdelaziz, quién celebramos su Cuarto Aniversario hace escasos días, se continuó la obra con el mismo compromiso y determinación, poniendo en práctica los programas militares, políticos, diplomáticos y la construcción institucional.

Hoy, el pueblo saharaui y su movimiento político, gracias a los aludidos sacrificios, cuentan con importantes hazañas en todos los niveles. El mundo reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como realidad irreversible, así como que todas las instituciones y pueblos del mundo reconocen la justa lucha del pueblo saharaui y su derecho inalienable a la autodeterminación.

Partiendo de todo ello y para culminar con éxito el proceso de nuestra lucha nacional, se nos exige más sacrificios, fidelidad a los compromisos adquiridos, seguir la ruta de los mártires, la unidad nacional y evitar los elementos de divergencia, como el individualismo, el egoísmo, y todo aquello que no beneficia el proyecto nacional.

Los saharauis, con su gloriosa revolución, enterraron los residuos del pasado como el atraso y la división. Comenzó la época del pueblo como actor indivisible gobernado por su estado y movimiento político.

Por ello, aprovechando la ocasión, los saharauis tienen que mantener su entidad política como garante de su futuro y la soberanía de la RASD en el territorio del Sahara Occidental.

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