Naser Bourita: “el diplomático” desaparecido

Naser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores marroquí.

El ministro de Asuntos Exteriores y Diáspora marroquí, Naser Bourita, uno de los hombre de Mohamed VI, últimamente brilla por su ausencia de la escena pública nacional e internacional. No es el mismo Bourita de hace un año, el hombre de los discursos grandilocuentes y prometedores de aniquilar a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) del espacio africano.

Su ausencia/desaparición está intrínsecamente ligada con el fiasco de la tesis marroquí sobre el conflicto del Sahara Occidental en la escena internacional. De esta manera, la Unión Africana, que era la gran apuesta de Bourita y el propio Mohamed VI, ha sido el primer muro sobre el que se estrellaron los dos objetivos principales de El Majzen: expulsar a la RASD y neutralizar a la Unión Africana y alejarla de los intentos de solución del conflicto. Para dichos propósitos, el canciller marroquí llegó a recurrir a sus habilidades de matón profesional para acabar con la membresía de la RASD. El ejemplo de la Cumbre de Maputo, UA-Japón, es el mejor reflejo.

No obstante, Naser Bourita, perteneciente a la diplomacia marroquí desde 1992, no ha dejado de intentar impresionar a su monarca con “nuevas” e “innovadoras” formas de legitimar la ocupación ilegal marroquí del Sahara Occidental: de ahí la historia de los consulados de ciertos países africanos conocidos por su adhesión a la órbita franco-marroquí, Costa de Marfil, por ejemplo. Dichos “consulados”, edificios vacíos y mantenidos por el dinero del contribuyente marroquí, no consiguieron nada respecto al intento de legitimación de la ocupación del territorio. No cambiaron la ecuación sobre el terreno.

Una vez consumido lo de los “consulados”, Bourita se embarcó en una nueva aventura en el seno de la Unión Europea, pretendiendo acabar con la ayuda destinada al pueblo saharaui. Su éxito ha durado lo que tardó la UE, el Programa Mundial de Alimentos y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados en confirmar la correcta gestión del Estado saharaui de las ayudas recibidas por los organismos internacionales.

Dicha campaña, por la falta de argumentos que la sostienen, se tuvo que basarse sobre el ataque directo y desmesurado hacia el Estado argelino, sus instituciones y personalidades públicas, mediante sus medios de comunicación afines e incluso las declaraciones de agentes diplomáticos como el ex cónsul marroquí en Orán, Argelia.

A nivel interno, el jefe de la diplomacia marroquí, fracasó estrepitosamente en la gestión de los asuntos de su propia diáspora durante la pandemia del Covid-19. Impidió el retorno de más de 30 mil marroquíes a su propio país, lo que generó una oleada de protestas frente a consulados y embajadas de Marruecos en el exterior.

La inefectividad del canciller Bourita hizo que emerjan voces críticas dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí. Achacan el fracaso del Departamento a la nefasta gestión de Bourita y el fiasco de su enfoque en general.  Conocedores de los círculos de poder en Rabat pronostican su inminente fulminación.