Opinión

MUERDEN LA COLA COMO LA PESCADILLA

Mahayub Sidina<br>26-01-2021
Mahayub Sidina
26-01-2021

Intelectual saharaui.

Cada vez que el régimen marroquí se encuentre en una situación de acorralamiento, salta a la palestra, casi siempre, el mismo grupo de periodistas e intelectuales españoles para lanzarle un salvavidas mediático. En los últimos días y semanas, hemos asistido a la repetición del mismo escenario con su automatismo de siempre. El denominador común de dicho grupo es, al parecer, su vinculación, orgánica o tácita, a lo que se llama “arabistas o especialistas en el mundo arabo-islámico”. De vez en cuando, presentan al público largas disertaciones que, a simple vista parecen equilibradas, pero, que al final, acaban mordiendo la cola como la pescadilla. Todo el adorno artificial y la energía intelectual gastada, como prólogo, terminan en un lamentable epílogo; invitando a los saharauis a una rendición, envuelta en el desgastado papel de la propuesta marroquí de autonomía, nacida muerta ya de por sí. Curiosamente, todos ellos alaban, unánimemente, dicha propuesta, hecha para fines propagandísticos, sin que ninguno sepa, a ciencia cierta, en qué consiste.


El momento escogido no debe ser fruto del azar. Después de su violación del cese-el-fuego, el 13 de noviembre de 2020 y la contundente respuesta del Frente Polisario, Marruecos se ha encontrado en una situación parecida a la anterior de 1991. Se ha equivocado de cálculos; pensando que los saharauis no responderían de esta forma numantina (parafraseando a uno de los aludidos) de verdad y no de leyenda. El pueblo saharaui se ha unificado, como una piña, entorno a su legítimo y único representante el Frente Polisario. Está decidido, más que nunca, a recuperar el tiempo perdido, en los pasillos de las Naciones Unidas y en otros foros, que al fin y al cabo no eran más que paliativos para hacer marear la perdiz.


Desgraciadamente, los comunicadores, a los que me refiero, no se han molestado en averiguar quién es el culpable de esta situación, ni han tenido en cuenta la imperturbable paciencia del pueblo saharaui durante décadas. Este último, ha agotado todas las vías, posibles e imposibles, para que la Comunidad Internacional y Marruecos cumplan con los compromisos adquiridos. El plan de arreglo, suscrito por El Frente Polisario y Marruecos, bajo los auspicios de la ONU, estipula que el pueblo saharaui tiene que ejercer su derecho a la autodeterminación e independencia a través de un referéndum libre, justo, regular y fuera de cualquier coacción militar o administrativa. El cese- el-fuego, al que se apega el invasor marroquí sin contrapartida, no era más que un simple elemento de dicho plan al que acabó renegando y con la Comunidad Internacional mirando hacia el otro lado.


Dichos intelectuales, prestarían mejor servicio a España y a Marruecos a la vez; siendo más imparciales. Tenían que haber condenado la represión, contra el indefenso pueblo saharaui, en las zonas ocupadas, rechazado el chantaje de la inmigración ilegal al que se dedica Marruecos, denunciado, en voz alta, la inundación de España y Europa con la droga marroquí y expresado su categórica repulsa al uso del terrorismo marroquí y su nebulosa, como arma arrojadiza, para influir en la decisión soberana de los estados. En cuanto al Sahara Occidental, lo único que se les pide es conformarse al derecho internacional y a la voluntad unánime de todos los pueblos de España. Sin observar nada de todo esto, han optado, voluntaria o involuntariamente, por alinearse detrás de la política del avestruz para no molestar al, poco fiable, vecino de la orilla sur. Hasta el momento, los psicólogos todavía no nos han brindado una definición exhaustiva de dicho comportamiento. No obstante, algunos describen el fenómeno como “secuelas de un Síndrome de Estocolmo”. Rezamos a que algún(@) exorcista salga a la luz, cuanto antes, para evitar más estragos.


El tacticismo político no es cosa de intelectuales. Los políticos recurren a esa práctica para aprovechar, al máximo, sus años en el poder, antes de ser expulsados por los electores. Al parecer, nuestros intelectuales se han confundido de camino y están a punto de converger, sin darse cuenta, con ciertos políticos, sin escrúpulos, que conocen, como la palma de la mano, a todas las puertas, secretas y no secretas, de los innumerables palacios de los reyes de Marruecos.


La nueva situación, después del día 13 de noviembre de 2020, al menos, tiene el mérito de haber destapado el entramado de intereses ocultos montado, durante las últimas tres décadas, a cuestas del pueblo saharaui. Ahora ya se sabe quién es quién y me temo que los salvavidas lanzados, por la circunstancia, servirán de poco para reflotar a un régimen marroquí a la deriva. La decidida lucha del pueblo saharaui le colocará en su sitio, en una situación peor a la anterior de 1991. Quién cultiva bombas cosechará muertes, ruinas y desolación. Los saharauis no tienen nada que perder.

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