Análisis

Isaías Barreñada afirma a El Portal Diplomático: el abandono de España del Sahara Occidental es una “desresponsabilización unilateral contraria al derecho internacional”

En una entrevista con El Portal Diplomático, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, Isaías Barreñada, critica la posición adoptada por los sucesivos gobiernos españoles respecto al Sahara Occidental; las consecuencias del expansionismo marroquí sobre la estabilidad del vecindario; así como la política que debe tener España con su vecino del sur, Marruecos, para salvaguardar sus intereses y cumplir con el derecho internacional.

El Portal Diplomático: ¿Qué le parece la reciente respuesta del Gobierno de España en la que afirma que esta desvinculado del tema del Sahara Occidental?

Isaías Barreñada: Es la respuesta de siempre; no ha habido cambio en la postura oficial. Los gobiernos españoles de la transición y del período democrático criticaron los acuerdos de Madrid de noviembre de 1975, que achacaron al franquismo, pero no los revirtieron. Asumieron el abandono, presentándolo como una descolonización de facto, y les resultó más práctico escudarse en el acto jurídico de las Cortes posfranquistas por el que se cortaban las relaciones con el Sahara. Lo que significa que asumieron una desresponsabilización unilateral contraria al derecho internacional. De esta forma los gobiernos españoles se han desentendido de lo que ocurre en el Sahara sosteniendo que España ha dejado de ser potencia administradora y no puede actuar como tal en la Cuarta Comisión de Naciones Unidas.

El Portal Diplomático: ¿Nos puede aclarar los fundamentos jurídicos que consideran España la potencia ad-ministradora del territorio?

Isaías Barreñada: En 1975 y 1976 España actuó de manera anómala. Una potencia administradora de un Territorio No Autónomo que se ha comprometido en Naciones Unidas a llevar a cabo un proceso de descolonización que incluye una consulta de autodeterminación, no se va por las buenas y menos aún cede el control del territorio a terceros.

Naciones Unidas se encontró por lo tanto ante un hecho consumado, pero totalmente anómalo, único en los procesos de descolonización. De hecho, Naciones Unidas hizo pública su disconformidad.

Para algunos juristas, todavía a día de hoy España sigue siendo de iure la potencia administradora. Así lo ven en algunas instancias de Naciones Unidas; en esos términos lo recordó Hans Corell; España sigue apareciendo en los informes de la Asamblea General sobre descolonización (véase A/76/63 del 15 de febrero 2021). Mientras que los gobiernos españoles sostienen que en febrero de 1976 tuvo lugar una ruptura jurídica y administrativa total y definitiva; desde entonces de factoEspaña ya no es potencia administradora, y no puede actuar como tal al no estar presente sobre el terreno. Lo que es cierto sólo parcialmente porque España ha mantenido competencias sobre el territorio en materia de control de la navegación aérea o de salvamento marítimo.

Yo estoy seguro de que la diplomacia española de los sucesivos gobiernos ha sido plenamente consciente de la anomalía provocada y sostenida. Pero ha faltado siempre voluntad política para definir una postura firme y crítica con lo ocurrido en 1975 y 1976, y coherente con los principios de la acción exterior democrática.  En cambio, se ha utilizado la anomalía para la componenda, jugando con la retórica del derecho de autodeterminación y al mismo tiempo siendo cómplice con la ocupación. Lo que se suele denominar “estar y no mojarse”.

El Portal Diplomático: Usted dijo que Marruecos pretende efectuar su control sobre la zona de Legüera, ¿Qué repercusiones estratégicas tiene dicha expansión sobre la estabilidad de la zona en general?

Isaías Barreñada: Marruecos busca afirmar y consolidar su anexión por todos los medios. Uno de ellos es delimitando sus áreas marítimas. Y para ello ha dado pasos unilaterales, como han sido las leyes de fijación de límites de espacios marítimos aprobadas por el Parlamento marroquí. Pero Marruecos tiene dos problemas. El primero es que no controla toda la costa; la península de Cabo Blanco está al sur del muro y por lo tanto para su estrategia es imprescindible controlar esa área. Las pretensiones de Marruecos sobre la zona no son nuevas; en 2016 ya dejó caer el tema. La brecha en Guerguerat en noviembre pasado y la construcción de un nuevo muro no sólo sirve para proteger la carretera, ha supuesto apropiarse de toda la zona costera.

El segundo problema es que una delimitación formal del espacio marítimo requiere un acuerdo, con los vecinos, Mauritania y España, y parece que ninguno está dispuesto a negociar con Marruecos espacios marítimos del Sahara. A esto se añade el hecho de que Mauritania no ve con buenos ojos compartir la península con un estado ocupante, lo percibe como un riesgo para Nuadibú; yo diría aún más, Mauritania no tiene especial interés en tener una frontera normal con Marruecos hasta que no se resuelva la cuestión del Sahara Occidental.

El portal Diplomático: Por último, ¿cree que España está adoptando la política correcta con Marruecos, no solo en lo referente al Sahara Occidental, sino también a otras temáticas comunes?

Isaías Barreñada: No se escogen a los vecinos, son lo que son y lo preferible es tener unas buenas relaciones que permitan, no sólo coexistir, sino convivir y cooperar. Todos los Estados comparten muchas cosas con sus vecinos: historia, cultura, relaciones humanas, intereses, etc. y las fronteras, por muy antiguas que sean no son barreras absolutas, son zonas de intercambio y de mezcla. Así debería ser entre España y Marruecos. 

Sin embargo, a veces esa convivencia positiva está atravesada por problemas no resueltos; en tal caso lo mejor es resolverlos no por la fuerza sino de manera dialogada, haciendo primar la justicia y respetando las normas. Lo que no resulta fácil cuando ambas partes se encastillan en posiciones inamovibles.

En las relaciones entre Marruecos y España hay varios temas de disputa, unos antiguos y otros actuales. En Marruecos se mantiene un discurso de recuperación de territorios coloniales (por Ceuta, Melilla y los peñones) que es legítimo pero que en realidad sirve para legitimar el sistema monárquico, y que es muy útil para presionar a España. Además, Marruecos no se lleva bien con sus vecinos magrebíes; se siente acorralado en la esquina del continente y ha buscado aliados y protectores fuera; durante la Guerra Fría adoptó una postura prooccidental y anti tercermundista; ahora pretende ser el mejor socio de la Unión Europea. Pero lo hace a través del chantaje y de las amenazas, especialmente con España, aunque también le toca a otros (véase la reciente bronca con Alemania). En este escenario España ha jugado a defender intereses duros a toda costa (gestión migratoria, relaciones económicas, cooperación policial), asumiendo que tiene un vecino de muy difícil trato, a veces caprichoso y desconsiderado. 

Respecto al Sahara, España ha enarbolado la retórica de la “neutralidad activa” que ha demostrado ser un trampantojo para la complicidad. España debería consensuar una posición de Estado que no variara según los gobiernos. Creo que esa política de estado debería incluir el reconocimiento del hecho colonial y de la responsabilidad del abandono, un firme apego al derecho internacional y al derecho a la autodeterminación, y un compromiso de asumir un papel activo en Naciones Unidas y en la Unión Europeo, impulsando iniciativas y actuando con coherencia. 

Pero siendo realista, veo difícil la adopción de una política de estado con esos elementos. Si no es factible, que al menos España no empeore las cosas. Que no participe en el saqueo, que no contribuya a la normalización de la ocupación y que no permita el chantaje de Marruecos.

Con una posición española clara e inamovible, Marruecos sabría a qué atenerse.

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