Análisis

El Reino de Marruecos, las múltiples crisis internas y la guerra del Sahara Occidental

La guerra del Sahara Occidental, reanudada el paso 13 de noviembre, después de la intervención del ejército marroquí contra los civiles saharauis que protestaban en la brecha ilegal en Gargarat, no ha pillado al Renio de Marruecos en sus mejores momentos, tanto desde el punto de vista de los desafíos internos, así como a nivel externo.

El principal reto que sigue azotando al Reino de Marruecos es el relativo a la parálisis económica multidimensional, causa por una serie de factores. La fundamental de ellas es la congelación de la economía para frenar la expansión de la pandemia del Covid-19 sin que el Gobierno presente alternativas viable. Se destaca que el ejecutivo marroquí no inyectó estímulos ni ayudas sociales con el propósito de aliviar los duros reveses socioeconómicos.

Marruecos, en comparación con los países del vecindario, ha sido el país que más sufrió los efectos de la pandemia, principalmente, por la importancia del turismo en su tejido productivo. Marruecos planificó sus presupuestos del 2020 estimando que los turistas extranjeros superarán los 20 millones.

El frenazo de la economía marroquí ha sido agravado por la prolongada sequía que acabó con un considerable número de empleos del sector agrario, y supuso la disminución de las exportaciones del país de productos agrícolas. Todo ello, hizo que las grande urbes empezasen a recibir ‘flujos migratorios’ internos, de los sectores de agricultores más desfavorecidos  en busca oportunidades laborales en las ciudades.

La gravedad de la crisis socioeconómica ha sido reconocida por el propio Banco Central de Marruecos, cuyas estimaciones auguran una aguda recesión del país magrebí. La misma opinión la comparten las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las agencias de calificación como Bloomberg.

Además, a lo dicho anteriormente se agrega la enfermedad del monarca, Mohamed VI, cuyo historial clínico, lleno de operaciones quirúrgicas y dificultades respiratorias, no ha ayudado a que el país magrebí afrontase sus desafíos de maneras apropiadas, especialmente, cuando se sabe que la intriga entre los miembros de la familia real por la sucesión no ha hecho más que intensificar.

El explosivo cóctel que fustiga el país ha sido recrudecido por la guerra del Sahara Occidental, que ha dejado en evidencia la falta de respuesta del Gobierno de Marruecos, cuyas tropas han sido incapaces de efectuar un adecuado despliegue o, al menos, demostrar la capacidad de interceptar los ataques del Ejército de Liberación Popular saharaui, que está bombardeando a las posiciones marroquíes en el muro de la vergüenza.

En fin, tampoco los cálculos del régimen marroquí del sistema de alianza en el escenario internacional, pudo aliviar el deterioro y el déficit interno. El Reino de Marruecos apostó por la continuación de la administración de Trump, por lo que, aceleró su proceso de normalización con la entidad sionista. Con la victoria de Biden, Marruecos, según los observadores, tendrá que replantear sus apuestas de cara a la política internacional. Es decir, no contará con el apoyo esperado.

En definitiva, el régimen marroquí, no solo tiene que lidiar con los desafíos internos propios de las crisis socioeconómicas, sino que, por la guerra del Sahara Occidental, está obligado a atender un nuevo desafío caracterizado por su magnitud colosal. ¿Tendrá Mohamed VI la capacidad de encontrar una salida?  

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