El Polisario: la ideología de un pueblo

El Frente Polisario, como cualquier otro movimiento de liberación nacional, ha sido expuesto a una serie de intentos de deslegitimar o de crear entidades políticas paralelas que le disputan la condición de ser único representante legítimo de un pueblo, el saharaui en este caso. De esta forma, inmediatamente después de su fundación, la ex potencia colonial, España, creó el PUNS (Partido de Unión Nacional Saharaui), que abogaba por ideales contrarios a los del Polisario. Posteriormente, Marruecos, desde que ocupación del territorio en 1975, emprendió una serie de intentos, a veces en forma de oposiciones internas, asociaciones, agrupaciones o voces disidentes. Sin embargo, a lo largo de más de medio siglo de existencia, el Frente Polisario se quedó intacto desde el punto de vista de la representación única del pueblo saharaui.

A nuestro modo de ver, para comprender las razones de fuerza que convirtieron el Polisario en un movimiento legendario, se considera pertinente explicarlo en clave de la “hegemonía”, como categoría política. Antes de adentrarse en la relación conceptual, hegemonía y Frente Polisario, conviene recordar que el concepto de la hegemonía cultural, es una categoría desarrollada por el intelectual y fundador del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci, para entender los mecanismos de convicción política y diferenciarlos de la dominación, cuya base suele ser la coerción. El uso de la fuerza para mantener el control sobre una situación dada. 

En su obra más emblemática, Cuadernos de la cárcel, el intelectual orgánico italiano, esboza que la hegemonía se edifica sobre el consenso de las masas entorno a una serie de ideales e intereses nacionales, es decir, un proyecto nacional. La hegemonía en Gramsci se compone por ideas, creencias y concepciones, que crean una subjetividad nacional o un sentido común imperante. Lo cual, permite el control sin necesidad de recurrir a medios coercitivos. Las propias masas populares serían el sostén del proyecto.

En este sentido, la primacía del Polisario y su resistencia a lo largo de los años y en las distintas coyunturas (guerra y paz), es precisamente por su condición de ser actor político hegemónico. Es decir, configuró un planteamiento político que consiguió aglutinar todas las demandas políticas del pueblo saharaui y condensarlas en categorías claves: autodeterminación, independencia y soberanía nacional. De ahí la supervivencia a pesar de los continuos bombardeos externos y las elaboraciones de los laboratorios del DGED (Dirección General de Estudios y Documentación) de Marruecos. 

El Frente Polisario, después de superar la disputa con el PUNS, consolidó su hegemonía política con el Pacto de la Unidad Nacional Saharaui, en octubre de 1975, en el que se trazaron los principales ejes del proyecto nacional, consensuados por los distintos segmentos y capas de la sociedad saharaui: miembros de la Asamblea Nacional, notables, funcionarios, trabajadores, estudiantes, etcétera. La novedad, en este marco, es que el pueblo saharaui reafirmó su unidad entorno a un representante único, el Frente Polisario. Una unidad que se ha consolidado con la profundización de la homogeneización de la identidad nacional saharaui, las épicas de la guerra de liberación y la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). 

Las propias hazañas del Polisario, asimismo, son un auténtico factor a tener en cuenta. La consolidación institucional de la RASD; el incremento de su aparto diplomático y su presencia como actor regional irreversible; la formación de un Ejército Popular capaz de cumplir con sus tareas institucionales; y el sufrimiento compartido, especialmente, en las primeras fases del exilio, en las Zonas Ocupas con las sistemáticas violaciones de derechos humano, y la dureza de las condiciones en los campamentos de refugiados, constituyen elementos claves para entender la unidad popular saharaui entorno al proyecto nacional pilotado por el Frente Polisario. Son los mismos factores que llevaron al fracaso de las potencias coloniales en crear interlocutores locales fake durante la ocupación de Argelia, Sudáfrica, Namibia, Angola, Mozambique, etcétera, para sustituir los auténticosmovimientos de liberación nacional.

En fin, los sucesivos intentos de crear movimientos subversivos, responden una única finalidad: renunciar la autodeterminación, independencia y soberanía nacional del ideario político del movimiento nacional saharaui. De ahí su fracaso. Inclusive, si se observa, el Polisario no necesitó empeñar elementos coercitivos ni campañas anti los aludidas “formaciones”. El grueso de su rechazo, proviene del ámbito popular e individual expresado de forma espontánea y creativa. Épicas producciones literarias son patente testigo de ello. A modo de ejemplo, poemas de poetas nacionales como Uld Alí y Uld Alal, reproducidos extensamente entre los individuos por las redes sociales.

En definitiva, el sentido común saharaui es profundamente identificado con el ideario político del Frente Polisario, cuyo muro resquebrajará las criaturas del Majzen. Las lecciones extraídas de otros procesos de lucha anti colonial, hicieron que el pueblo saharaui sea consciente del tipo de maniobras empleadas por el ocupante en su fase final. Por ello, nada de concesiones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *