Opinion

El Majzen y el intento de tapar el sol con un dedo

El rey Mohamed VI en el Palacio del Elíseo.

En la actualidad, el régimen marroquí se encuentra inmerso en un vértigo de crisis y bronca política y social interna. Para paliarla, el método, como siempre, consiste en ocultar las realidad y echar balones fuera.

Para tener enemigos externos, Marruecos viola las normas más sustanciales del derechos consuetudinario y las normas que rigen la actividad diplomática como el Convenio de Ginebra. Ejemplo de ello es la actitud de su cónsul general en Orán, Argelia, al declarar ante sus compatriotas que están en “un país enemigo”, en un intento de abortar la protesta de aquellos que demandan el retorno a su hogar.

A nuestro juicio, el nerviosismo y la agresividad marroquí, aparte de su realidad interna, se debe a la creciente consolidación de los lazos argelino-saharauis. Si el régimen marroquí esperaba que Argelia haga caso omiso a las violaciones que se cometen en el Sahara Occidental y el continuo pillaje de sus recursos naturales, debe entender que la firme postura argelina proviene de los propios principios constitucionales de la Revolución de Noviembre. 

Marruecos, quien se sienta al lado de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en la Unión Africana, tal y como establece en su Boletín Oficial del Estado, no debe reprochar a Argelia un apoyo que brindan más de 80 países del mundo.

Argelia no puede considerase ‘país enemigo’ por defender las resoluciones de Naciones Unidas, tal y como se hizo con el caso de Timor Oriental. La cuestión saharaui es un caso de descolonización reconocido por Naciones Unidas, la Unión Africana y demás instituciones multilaterales.

Asimismo, es pertinente resaltar que la agresividad marroquí hacia Argelia viene de la época de la colonización. Marruecos estuvo implicado en el arresto de la dirigencia del Frente de Liberación Nacional argelino, y después de la independencia, protagonizó una agresión contra su vecino del este, la conocida Guerra de la Arena, 1963.

En resumen, las amenazas y la diplomacia agresiva marroquí, no doblegarán  el apoyo argelino a las causas justas y el derecho de los pueblos a la autodeterminación: el pueblo saharaui, el palestino, etcétera.

La pregunta que se impone en este sentido es: ¿hacia donde quiere llegar la política expansionista marroquí, que no solo se rivaliza con Argelia, sino con todos los países del Norte de África y el Sahel?

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1 Comment

  • El problema de nuestro país, es que está gobernado por un régimen anticuado, con estrategias anticuadas. Y cree que va seguir en el mismo camino y con las mismas estrategias. Contarles unas cuantas mentiras, y asunto zanjado. Ya no estamos en aquellos tiempos. Hoy los marroquíes nos informamos a través de la red, lejos de los medios controlados por él. Y nos comunicamos con los que ellos llaman «el enemigo», y no hay más enemigo que él que roba lo nuestro y lo de los demás.