Análisis

Coronavirus y el desafío de la seguridad alimentaria en el Sahel

Desde su brote en la ciudad china de Wuhan, finales del año paso, el Coronavirus, ha repercutido en las distintas dimensiones de la economía, la política, la salud y la sociedad. Sus efectos no solo salpicaron a los países en vías de desarrollo, sino también la capacidad de las principales potencias, cuya limitada respuesta se quedó palpable, lo que obligó a Estados y organizaciones internacionales a replantear sus prioridades. 

Uno de los aspectos mas urgentes, en términos de retos, es todo aquello vinculado con la alimentación de las masas que se quedaron confinadas en sus hogares. El psicólogo Abraham Maslow lo coloca en la cima de la pirámide de prioridades. Henry Kesinger, ex jefe de la política exterior estadounidense durante los años de la Guerra Fría, considera que la seguridad alimentaria es el principal pilar de la seguridad nacional, cuya definición, según él, “es todos los elementos que hay que preservar para mantener la supervivencia de una nación dada”.

En la zona del Sahel, debido a que la mayoría de sus países tienen bajos índices de seguridad alimentaria, no tienen la capacidad de tener una reserva estratégica de alimentos capaces de satisfacer las necesidades de su población en tiempos excepcionales. Así, se incrementa la dependencia a otros países donantes de ayuda humanitaria, el Programa Mundial de Alimentos (auspiciado por Naciones Unidas), y otras ONGs del sector. Una situación que obliga a los gobiernos a pensar en alternativas y estrategias capaces de revertir la situación. Una necesidad que se ve incrementada, especialmente, si se observa que los principales países donantes como España, Italia, Reino Unido y Estados Unidos, han sido afectado de forma drástica por el virus, lo que hace que su prioridad sea enfocada a su situación interna.

En estas circunstancias, los refugiados a lo largo del mundo, especialmente los saharauis, requieren una solidaridad internacional integral con el propósito de activar la ayuda emergente: activación de carriles verdes, para suministrar alimentos y material sanitario imprescindible. Los aludidos esfuerzos deben ser entendidos en clave de evitar que colapsen las estructuras públicas de dichos países, lo que afectaría la estabilidad y la seguridad en particular.

El Programa Mundial de Alimentos suministra ayudas a los refugiados saharauis en Argelia de 1986. Sus programas se ejecutan en Argelia y en colaboración con organizaciones locales e internacionales.

Por las razones mencionadas previamente, los saharauis y el resto de países sahelianos, están obligados a trazar claras estrategias alternativas para asegurar su seguridad alimentaria, particularmente, en la actualidad donde la ayuda humanitaria no cesa de descender, por la crisis económica de 2008, y la creciente tendencia de los donantes de su uso como arma política contra las opciones políticas escogidas los pueblos. 

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